Poemas para un funeral

Poemas de funeral

La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más dolorosas y difíciles que podemos enfrentar en la vida, es un momento de profundo dolor y tristeza, que puede resultar abrumador e insoportable

Poemas para un funeral

En estos momentos de aflicción, es importante encontrar formas de expresar nuestro amor, nuestro dolor y nuestra despedida.

En este momento de dolor, leer poemas para un funeral es una forma elocuente de rendir homenaje a la vida y el legado de alguien a quien amas. Para los afligidos, los poemas sobre la muerte, el dolor de la pérdida, la aflicción, el luto, la otra vida o el renacimiento pueden brindar consuelo y ser una fuente de inspiración y esperanza.

La poesía es un medio poderoso para transmitir emociones profundas y sentimientos complejos que pueden ser difíciles de expresar con palabras simples. En momentos de dolor y tristeza, la poesía puede ser un consuelo y una luz de esperanza en la oscuridad. Ya sea que esté buscando un poema para honrar a un ser querido o para encontrar consuelo en su propia aflicción, la poesía puede ser una herramienta valiosa para la curación emocional.

En momentos tan dolorosos, es importante recordar que no estamos solos en nuestra aflicción. Hay personas que nos aman, que nos apoyan y que están dispuestas a acompañarnos en este difícil camino.

Encuentre un poema significativo para incluir en un funeral o servicio conmemorativo, así como poesía que lo ayude a sobrellevar la muerte de un ser querido. Aquí hay una colección de algunos de los mejores poemas funerarios de todos los tiempos, organizados por tema, sentimiento y relación con el difunto. queridos.

Poemas para leer en funerales

La poesía es una forma elocuente de expresar nuestros sentimientos en momentos de dolor y aflicción, en los funerales y servicios conmemorativos, a menudo se lee poesía que rinde homenaje a la vida y el legado de quien hemos perdido, y que brinda consuelo y esperanza a los afligidos. Aquí presentamos cinco poemas famosos que pueden ser apropiados para honrar a nuestros seres queridos en su partida:

«No te rindas» de Mario Benedetti

Este poema ofrece un mensaje de esperanza y aliento para seguir adelante incluso en los momentos más oscuros de la vida

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero

Mario Benedetti

«Do not stand at my grave and weep» de Mary Elizabeth Frye

No te detengas en mi tumba a llorar de Mary Frye, en este poema es un mensaje reconfortante para los seres queridos que han perdido a alguien. La autora les recuerda que aquellos que amamos nunca nos dejan realmente y siempre están con nosotros.

No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no estoy dormida.
Soy un millar de vientos que soplan,
soy la suave nieve que cae,
soy las gentiles gotas de lluvia,
soy los campos de granos maduros,
estoy en el silencio de la mañana,
en la prisa agraciada
de hermosas aves que vuelan en círculo.
Soy la estrella de la noche,
estoy en los pétalos que florecen,
en un cuarto silencioso,
en los pájaros que cantan,
en cada pequeña cosa.
No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no estoy muerta.

Mary Elizabeth Frye

«Elegía» de Miguel Hernández:

Hernández escribió este poema como un homenaje a su amigo, el poeta Ramón Sijé, que había fallecido. Es una reflexión sobre la muerte y el dolor de la pérdida, pero también sobre la belleza y la fuerza de la amistad.

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero

Miguel Hernández

«Miedo» de Gabriela Mistral:

Uno de sus poemas más conocidos es «Miedo», que aborda el tema de la muerte y la angustia que esta provoca.

Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan,
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!

Gabriela Mistral

«Remordimiento por cualquier muerte» de Jorge Luis Borges

Borges cuestiona nuestra indiferencia hacia la muerte de los demás y nos invita a reflexionar sobre el valor de la vida y la importancia de estar presentes para nuestros seres queridos.

Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.
Como el Dios de los místicos,
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.
Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos,
allí la acera donde acechó su esperanza.
Hasta lo que pensamos podría estarlo pensando él también;
nos hemos repartido como ladrones
el caudal de las noche y de los días.

Jorge Luis Borges

«255» de Emily Dickinson

Este poema habla sobre la muerte como parte natural de la vida, pero también muestra la dificultad que conlleva el vínculo emocional entre las personas y la pérdida de un ser querido.

I

¿Puede la Muerte estar dormida, si la vida es solo un sueño,
Y las escenas de dicha pasan como un fantasma?
Los efímeros placeres a visiones se asemejan,
Y aun creemos que el dolor más grande es morir.

II

Cuán extraño es que el hombre deba errar sobre la tierra,
Y llevar una vida de tristeza, pero que no abandone
Su escabroso sendero, ni se atreva a contemplar solo
Su destino funesto, que no es sino despertar.

Emily Dickinson

¿Quién muere? por Pablo Neruda

Neruda habla de la muerte no como un evento físico, sino como una sensación de vacío en la vida de alguien que se siente desconectado del mundo. Es una metáfora poderosa que nos recuerda la importancia de vivir plenamente y estar presentes en cada momento. La muerte no es solo un final inevitable, sino también una llamada a la acción para aprovechar al máximo nuestra existencia.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las «íes» a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.

Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce o
no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.

Pablo Neruda

Poemas para funeral de un padre

Es posible que quieras recitar un o unos poemas para funeral de un padre que ha partido, quizás es tu propio padre el que lamentablemente ha partido, para aliviar tu carga emocional, te dejo ejemplos de poemas para funeral de un padre y también para funeral de una Madre, considera siempre dar un toque personal, mencionando el nombre de quien a fallecido, comenzando como por ejemplo: «Para mi Madre que nos ha dejado» o «Para el padre de mi querida esposa» de esta forma acercas mas a los deudos y es mas reconfortante el momento para acompañarlos en su momento de dolor.

Son poemas originales, hechos especialmente para este sitio web, puedes utilizarlos con confianza

La partida de mi padre

¿Cómo seguir sin tu presencia, sin tus risas y tus abrazos? ¿Cómo olvidar tus enseñanzas, tus consejos y tus actos?

Partiste hacia la eternidad, dejando un vacío en mi alma, pero tus recuerdos y tu amor me dan fuerza para seguir mi jornada.

Tu partida no es un adiós, sino un hasta luego en la vida, donde volveremos a encontrarnos en un abrazo lleno de alegría.

Gracias por tu cariño y tu guía, por tus palabras llenas de sabiduría, siempre estarás presente en mi corazón y en cada paso que dé en mi vida.

Descansa en paz, mi amado padre, y desde el cielo guía mis pasos, sé que siempre estarás conmigo en cada momento y en cada espacio.

Mi Madre ha partido

Madre, en tu partida se fue una parte de mi vida, pero no se fue tu amor, que sigue latente en mi corazón. Tu presencia sigue viva, en cada rayo de sol, en cada susurro del viento, en cada flor del jardín.

Tu voz sigue resonando en mi mente, recordándome siempre que te amé y te amaré eternamente. Tu sonrisa sigue iluminando mis días, y tus manos siguen guiando mi camino.

En tu partida encontré el dolor, pero también la paz de saber que estás en un mejor lugar. En tu partida encontré la fortaleza, para seguir adelante y honrar tu legado.

Madre, hoy te llevo en mi corazón, y sé que tú también me llevas en el tuyo. Hasta que nos volvamos a encontrar, te sigo amando, y te seguiré amando, porque tu amor es eterno, como el sol y las estrellas.

Mi padre se ha ido

En el silencio de la noche, la muerte llegó a mi puerta y se llevó a mi padre, dejando un vacío en mi alma.

Se fue sin despedirse, sin decir una palabra, pero su presencia sigue aquí, en cada rincón de mi casa.

La vida sigue su curso, pero algo ha cambiado, ya no hay risas ni abrazos, solo el recuerdo de su amor.

Padre, tú que eras la luz de mi camino, ahora brillas en el firmamento, guiando mis pasos hacia un futuro incierto, pero lleno de tu amor eterno.

En la oscuridad de la noche, siento tu abrazo reconfortante, sé que nunca me abandonarás, porque tu amor siempre estará presente.

Madre mía

Madre mía, ¿dónde estás ahora?
En el vacío de mi alma,
en el recuerdo de tu risa,
en el perfume de tus manos.

Madre mía, ¿cómo te encuentro?
En la luz del sol que ilumina mi camino,
en el viento que acaricia mi rostro,
en la lluvia que lava mi dolor.

Madre mía, ¿cómo te extraño?
Con el llanto que inunda mi ser,
con la soledad que me abraza,
con el amor que nunca morirá.

Madre mía, ¿cómo te recuerdo?
Con la ternura de tus abrazos,
con la dulzura de tus palabras,
con la fuerza de tu espíritu.

Madre mía, te llevo en mi corazón,
en cada latido, en cada aliento,
en cada sueño, en cada momento,
siempre, siempre, madre mía.

Se fue mi madre

Se fue mi madre sin despedirse,
sin avisar, sin pedir permiso,
se fue y dejó un vacío inmenso,
una ausencia que duele en el alma.

Se fue mi madre y con ella se llevó
parte de mi ser, de mi historia,
de mi infancia, de mis recuerdos más dulces,
de mi presente, de mi futuro incierto.

Se fue mi madre y me dejó huérfano de su risa,
de su mirada, de su abrazo cálido y protector,
de su amor incondicional.

Pero aunque se haya ido, mi madre sigue aquí,
en cada latido de mi corazón,
en cada gesto que la recuerda,
en cada sueño que nos une.

Se fue mi madre, pero su amor nunca se irá,
siempre estará presente, siempre me acompañará,
porque ella es parte de mí, de mi esencia,
de mi eterno agradecimiento por haber sido su hijo.

La noche sombría

En la noche sombría y taciturna, con el viento que suspira en la ventana, reposa mi alma triste y acongojada por la partida de mi padre amado.

Su presencia se ha ido de mi lado, como una sombra que se desvanece, dejando tras de sí un vacío frío que me llena de dolor y pesadumbre.

La muerte ha venido a buscarle y lo ha llevado lejos de mi vista, dejando solo un recuerdo melancólico que se aferra a mi alma como un abrazo.

¿Por qué la muerte es tan implacable, por qué nos arrebata a los que amamos? No lo sé, solo sé que mi corazón late con un dolor que no puedo explicar.

Adiós, padre querido, que descanses en paz, tu recuerdo siempre vivirá en mi ser, como una llama que nunca se extinguirá, como un amor que nunca morirá.

Madre te recuerdo

Madre, tu presencia se esfuma en el aire,
y el dolor que deja es inmenso y pesado,
como una nube gris que no se desvanece
y que a mi alma atormenta sin cesar.

Tu partida dejó un vacío en mi pecho,
un silencio eterno que no se puede llenar,
y aunque sé que ya no sufrirás más,
el dolor en mi corazón no deja de crecer.

Tu recuerdo vive en cada rincón de mi ser,
en cada pensamiento y en cada suspiro,
y aunque quisiera olvidar, es imposible,
porque tú eres parte de mi vida y mi destino.

Madre, siempre te recordaré con amor,
con ese amor que nunca morirá,
y aunque la muerte nos haya separado,
tu amor siempre vivirá en mi corazón.